miércoles, 30 de marzo de 2016

Vivir en un lugar atravesado por la historia mas cruel de  la Argentina reciente, recuerdos que se nos presentan en formas impertinentes e impenitentes, miradas, alegrías, reencuentros, sentires, angustias,  secretos de una sociedad que fue dividida por la violencia, la oscuridad y el dolor...

Volver a ver  los rostros de la represión, los rituales, los lenguajes, las amenazas, la sutil forma de los maltratos cotidianos, la angustia en los rostros de quienes ya no están, esa forma cruel de perpetuar el poder...

¡¡Pero eso no es poder, cuando  optaron por la violencia ya no es poder¡¡,... nos lo recuerda Hannah Arendt,.. y entonces nos reímos,  nos damos cuenta  de tantas pequeñas cosas;  entonces volvemos a la memoria y el recuerdo de quienes se quedaron esperando a sus seres queridos, buscando en lo profundo de nuestros recuerdos, compartir algunas historias, y darnos cuenta de la huella dolorosa en el alma que nos hicieron...

Aprender a jugar a las escondidas como si fuera parte de lo cotidiano, escondernos abajo de un escritorio, la importancia  de nuestros seres queridos, o permanecer horas en silencio bajo un ropero mientras nos buscan, o no salir solo que fuera al colegio o la casa de un pariente, o aprender el significado de estar en las listas...

Hablar y testimoniar, para que el alma sepa o recuerde,.. para que se libere la memoria dolorosa, para liberar de miedos y silencios, para que la verdad fluya...

Memorias de una época...

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